Las Cataratas del Nilo Azul, Tis Isat

Las Cataratas del Nilo Azul, Tis Isat, son unas de las más impresionantes de África, un espectáculo natural que no os podéis perder si viajáis a Etiopía del Norte.

Muchas veces lo mejor es no hacer planes y dejarse llevar. Esto lo tuvimos que aplicar el día que planeábamos visitar las cataratas de Tis Isat. Nos levantamos a las 4:00 de la mañana para ir al aeropuerto de Addis Abeba y coger el vuelo tempranero que nos llevaría a Bahir Dar. Nuestro plan (inicial) era llegar pronto, para pasar toda la mañana visitando las Cataratas del Nilo Azul, las cataratas Tis Isat. Pero nuestros planes tendrían que cambiar por completo.

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Llegamos al aeropuerto, la fila que había en la entrada era de primera, los controles en los accesos de los aeropuertos etíopes son una pesadilla y se hacen antes de acceder al mismo. Mientras estábamos esperando entrar, dice Manolo…y si ahora se pone a llover? pues dicho y hecho, nos cayó una tromba de agua espectacular, supongo que era una señal divina que nos advertía de lo que iba a ocurrir el resto del día. Al cabo de muucho tiempo conseguimos entrar en la terminal y vaya por dios, overbooking¡¡¡, al parecer unos israelís que andaban en transito nos quitaron nuestros asientos. Empezábamos bien el día tirados en Addis Abeba, pero como casi todo tiene solución, conseguimos billetes para el siguiente vuelo, a las dos de la tarde, eso si, antes teníamos que ir a las oficinas de Ethiopian Airlines para confirmar los billetes, ya que en el aeropuerto no se podía confirmar y no estábamos para volver a  perder el vuelo otra vez.

Como queríamos aprovechar la mañana, lo primero que hicimos fue ir al Hilton, que es dónde están las oficinas de Ethiopian Airlines en Addis Abeba y así de paso confirmábamos otros vuelos que teníamos.

El Hilton de Addis es como el equivalente a un hotel de tres estrellas o menos, según el estándar europeo. Era curioso que tuviera cinco estrellas, porque estaba que se caía de viejo, la única diferencia con el hotel en que habíamos estado es que tenían un control de acceso en la puerta y una sala de conferencias. La falta de mantenimiento se debe a que los empleados de los hoteles viven en casas muy humildes, así que cuando van a trabajar todo lo ven como un maravilloso palacio,  a sus ojos todo está perfecto, sin embargo para los nuestros se cae a trozos, que diferentes son las cosas según los ojos que lo miran¡¡

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En un rinconcito tenían una zona para hacer la ceremonia del café. En Etiopía es obligatoria hacer esta ceremonia cuando se tiene un huésped, forma parte de la tradición cultural y social del país, es un símbolo de respeto que muestra el anfitrión. La ceremonia es muy larga, se hace sin prisas, con mimo, toda la ceremonia puede llevar unas dos horas. Con todo primor se tuesta, se muele, se cuela y se sirven tres tazas. Durante el viaje, fueron varias las veces que asistimos a este ritual y es embriagador para los sentidos, el aroma perfumado que desprende y ese sabor maravilloso del excelente café etíope.

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Una vez que confirmamos los billetes, teníamos que aprovechar la mañana, así que fuimos a Menagesha National Forest, un lugar muy chulo pese a que no es muy conocido. Hicimos una pequeña ruta, a medida que avanzábamos por el sendero parecía que nos habíamos transportado a la selva profunda, aunque estábamos a pocos kilómetros de la capital etíope. Rodeados de espesa vegetación aparecieron unos curiosos monos que parecían no llevarse demasiado bien con sus vecinos, por los berridos que se pegaban unos a otros y de repente llegamos a las cascadas.

Menagesha-National-Forest-Etiopia

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En unos matorrales había una especie de tomates, solo lo eran en apariencia, porque eran venenosos¡¡¡ Los etíopes los utilizan para cortar la leche, solo tres gotitas es suficiente para hacer magia y se corte, para convertirse en yogur, eso sí , si echas un buen chorro, directamente la diñas.

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Como el hambre azuzaba y había un pequeño restaurante en el parque, paramos a comer, solo había injera, que es el plato típico etíope, así que nada mejor que pedir una y así la probaríamos por primera vez. La injera se sirve en una bandeja redonda muy grande, en la que hay una especie de pan esponjoso, parecido a las tortitas pero con aspecto de callos madrileños. Se hace con harina fermentada de tef, que es un cereal etíope, su sabor es un tanto agrio, se acompaña de carne muy especiada y se sirve con un puré de garbanzos o de lentejas, la verdad es que está muy buena. Para beber pedimos Meta, que es una cerveza etíope que se producían en una fábrica cercana.

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Llegó el medio día, así que hicimos el camino de vuelta para regresar al aeropuerto, esta vez si cogimos el vuelo y por fin llegamos a Bahir Dar.

La zona de recogida de equipaje del aeropuerto era un poco caótica, estaba en la calle. Mientras esperábamos recoger las mochilas, nos dedicamos a hacer fotos a los árboles que estaban alrededor. Los árboles tenían un barullo increíble, todos estaban plagados de pájaros tejedores. Eran tantos los nidos que colgaban apelotonados de todas sus ramas, que en un primer vistazo si no te fijabas bien, parecían frutas. Estos pájaros tienen un comportamiento muy gregario, anidando juntos como en un edificio de vecinos, nos contaron que son capaces en tan solo tres años de acabar con el árbol.

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Bahir Dar es una ciudad tranquila y luminosa, como queríamos llegar a las cataratas de Tis Isat antes de que acabara el día nos fuimos directos allí.

LAS CATARATAS TIS ISAT

Llegamos a Tis Abay el pueblo que está al lado de las cataratas, en la taquilla se compra la entrada por 20 birr, con la entrada puedes hacer fotos pero si quieres hacer vídeos tendrás que pagar más. Aunque quieras ir por tu cuenta, te colocarán un guía (50 birrs más), al final del pueblo encontrareis el sendero que lleva a las cataratas.

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Justo cuando llegamos el cielo se encapotó por completo, salimos del coche y empezó a caer un chaparrón digno del juicio final, las gotas de lluvia se convirtieron en bolas de granizo y de repente comenzó a caer del cielo una lluvia de canicas gigantescas con tal fuerza que parecía que nos estaban apedreando, corrimos debajo de un toldillo improvisado con la esperanza de que aquello escampara.

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Cuando aquello mejoró, aunque seguía sin parar de llover, salimos del toldillo, la gente nos advirtió que las nubes que se acercaban eran de las malas, malas, pese a las advertencias diez minutos después decidimos salir, porque pronto se haría de noche y todavía nos quedaban 30 minutos de recorrido hasta llegar a las cataratas.

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El camino que lleva a las cataras es de un verdor impresionante, de repente vimos un puente de piedra, es el primer puente de piedra que se construyó en Etiopía, lo edificaron los portugueses en 1626.

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Teníamos la esperanza que el tiempo cambiara puesto que de repente se abrían las nubes y momentáneamente aparecía el sol, pero tan solo era un espejismo, ya que minutos después, el cielo se volvía a cubrir y comenzaba de nuevo a diluviar.

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De repente aparecieron un montón de señores con paraguas tan grandes como sombrillas, nos empezaron a seguir empeñados en cubrirnos de aquella lluvia incesante.

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No teníamos intención de taparnos porque ya estábamos empapados, a medida que pasaba el tiempo la lluvia era más intensa y el sendero era cada vez más empinado. A mi lado tenía un estilizado etíope que se empeñaba en agarrarme y todo el rato quería abrir el paraguas para taparme. El suelo se había convertido en un barrizal resbaladizo que entre los pedruscos y los charcos que había, era cada vez más intransitable. Ante tanta insistencia de aquél hombre le dije, bueno pues ábrelo. No se de que forma colocaba el paraguas pero cada vez estaba más calada, ni le tapaba a él ni a mi, entre que no podía cerrar el chubasquero porque lo llevaba tapando la mochila y la tela no daba para cerrarlo, en la mano izquierda llevaba la cámara, en la derecha el hombre me agarraba el antebrazo, con tal fuerza para que no me descoñara en el barrizal, que hasta me dolía, al final terminé cogiendo el paraguas que pesaba como un muerto para que nos tapáramos los dos.

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Después aparecieron unos niños que querían vendernos unos fulares, otros señores se unieron y se metieron debajo de aquel mega paraguas. Aquello parecía el camarote de los hermanos marx. No podía moverme porque seguía con el señor estrujándome el brazo, tampoco podía dar un paso porque estaba rodeada de un montón de gente apiñados debajo de aquel paraguas y seguía sin parar de llover.

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Comenzamos a oír el rugido de las cataratas, estábamos ya cerca, a punto de verlas. Llegar costó un triunfo pero justo cuando llegamos paro de llover. Mereció la pena aquél paseo bajo la lluvia porque son absolutamente impresionantes y eso que, la caída de agua de las cataratas Tis Isat está limitada por una central hidroeléctrica, no quiero imaginar como debían ser antes de que construyeran la central, porque son una de las más bonitas que he visto después de las Catataras Victoria.

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Las cataratas de Tis Isat tienen 400 metros de ancho y una caída de 45 metros, el espectáculo es de una belleza impresionante, caminamos por el borde de las cataratas,  para contemplarlas desde todos los ángulos. El Nilo Azul continúa desde aquí su recorrido hasta Jartum, en Sudán, dónde se junta con el Nilo Blanco que tiene su nacimiento en Uganda y juntos emprenden su camino hasta desembocar en Egipto.

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El primer occidental que vio y describió estas cataratas fue el jesuita español Pedro Paez. En sus escritos cuenta, que los etíopes llamaban a estas cataratas Tis Abay, que en amarico  significa “agua humeante”. El nombre es de lo más acertado porque es tal la fuerza con la que cae el agua, que las  miles de gotas y vapor que salen disparadas provocando grandes nubes de agua.

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Pasamos un buen rato contemplando las impresionantes cataratas, se estaba haciendo de noche así que había que regresar y recorrer el sendero de vuelta porque cada vez había menos luz. El regreso fue mucho peor, se puso de nuevo a llover, el camino había pasado de barrizal a tierras movedizas, guardé la cámara, pasé del paraguas, que más daba si ya estaba como una sopa. Gracias a los rayos y relámpagos que caían, se iluminaba el sendero y podíamos ver el camino, ya no se veía ni torta.  Llegamos por fin al coche empapados y hasta arriba de barro pero al final habíamos pasado un día genial.

COMO LLEGAR A LAS CATARATAS DE TIS ISAT

Se puede llegar a las cataratas de Tis Isat desde el Lago Tana, que es donde nace el Nilo Blanco, o desde Bahir Dar, desde ambos sitios las cataras están a unos 30 km.

Para llegar puedes organizarlo con un taxi, si quieres ir en bus ,salen de la estación central de Bahir Dar, preguntar  cuales son los horarios  tanto de ida como los de vuelta, hay varios al día y más o menos se tarda una hora en llegar.

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Nosotros fuimos a finales de Septiembre, es época de lluvias, lo único malo es que te caiga una tromba de agua como a nosotros,  pero lo bueno es que las cataratas están hasta arriba de agua por lo que la imagen es absolutamente impresionante.

Feliz fin de semana¡¡