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Naqhs-e Jahan La Plaza Real de Isfahán

Regresamos a Irán para conocer la plaza Naqhs-e Jahan en Isfahán. ¿Sabías que esta es la segunda plaza más grande del mundo después de la plaza de Tiananmén en Pekín? Sin embargo, seguro que Naqhs-e Jahan gana a cualquier plaza en espectacularidad y belleza.

Isfahán es una de las paradas que no os podéis perder en cualquier viaje que hagáis a Irán. Reservar al menos tres días para que os de tiempo a conocerla. En este post os hablaré de nuestro primer día en Isfahán y de lo que vimos en la plaza Naqhs-e Jahan.

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Viajamos a Isfahán desde Yazd de la que ya os hablé en otra entrada del blog. Habíamos comprado los billetes de autobús en la oficina de turismo de Yazd el día anterior. Tardamos unas cinco horas en llegar a Isfahán. Puede parecer que es un viaje largo, pero viajando en los autobuses VIP de Irán, con tanto espacio para las piernas, repantingado en el asiento y además te dan desayuno que el viaje no se hace nada pesado. Estos autobuses son el mejor invento para moverse por el país. El billete es barato, nos costó 360 mil (unos 30€ en mayo del 2019). El viaje lo hicimos con la compañía Royal Safari Iranian.

Una vez llegamos a la estación de autobús de Isfahán, no quisimos complicarnos la vida, y cogimos un taxi. A diferencia de Yazd aquí no había una taquilla de taxis de prepago, así que me tocó negociar el precio del trayecto antes. Pagamos 150 mil riales (3€) para llegar hasta nuestro hotel. Habíamos reservado en el Hotel Melal que está cerca de uno de los puentes más famosos de la ciudad, el Si-o-Se-Pol Bridge. Dejamos el equipaje y nos lanzamos a la calle para conocer la ciudad.

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Decidimos ir andando hasta la plaza. No parecía en el mapa que hubiera mucha distancia, pero lo cierto es que nos pegamos un paseo de mucho cuidado. En Isfahán hay metro en el enlace tenéis el mapa. Os aconsejo cogerlo para moveros por la ciudad. Es barato, cuesta unos 1.000 riales (0,21€) por trayecto, (ojo que los viernes no funciona). Así evitarás los atascos, que los hay, sobre todo en las zonas turísticas que se llenan de buses. Si quieres moverte en taxi no hay problema porque tampoco son muy caros.

Pequeña historia de la plaza Naqhs-e Jahan

Isfahán fue la capital de Persia durante el periodo safávida, se la llamaba Nesf-e Jahan que significa “Medio Mundo”. Era como una diva, estaba el resto del mundo y luego ella, la más bella.

El Sha Abbas quería que la nueva capital, Isfahán, fuera la más imponente y bonita del mundo, brillando sobre París o Estambul. A esta plaza se la conoce también con otros nombres como Imán Square o Shah Square.

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Naqhs-e Jahan es una plaza gigantesca, un rectángulo de 512 m de largo por 163 m de ancho, con edificios completamente primorosos en sus cuatro costados. Está incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad y explorarla lleva tiempo, nosotros estuvimos más de medio día.

El renacimiento de Isfahán comenzó allá por el 1590 cuando el Shah Abbas el grande, decidió trasladar la capital de Irán que por aquél entonces estaba en Qazvin a Isfahán.

El Shah tenía varios motivos para moverla a Isfahán. Por un lado, se encuentra en el centro del país por lo que su situación alejada de las fronteras hacía que estuviera más protegida ante posibles invasiones. Además, era una de las paradas de la Ruta de la Seda así que serviría para impulsar la nueva capital como un centro económico y encima tenía un clima agradable. Era el lugar perfecto para convertirse en la capital del país.

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Reubicar la capital de Qazvin a Isfahán llevó nada menos que seis años. Para realizar aquella inmensa obra que implicaba restructurar toda el área urbana y expandirla hacia el río, se emplearon los mejores ingenieros, arquitectos, calígrafos y artesanos de azulejos del país.

El lugar elegido para construir esta plaza estaba ocupado anteriormente por un jardín, el jardín Nagh-e Jahan. En cada lado de la plaza se construirían imponentes edificios representando los centros de poder del imperio safávida. Al norte se ubicaría el Bazar como símbolo del poder económico. En el sur de la plaza se construiría la Mezquita Shah representando el poder religioso y al oeste el Palacio Ali Qapu que representaba el gobierno.

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La plaza está rodeada de edificios porticados que flanquean todos los lados de Naqhs-e Jahan, al cabo de los años se les añadiría a los edificios un segundo piso, tal como podéis ver ahora. La plaza conservó todo su esplendor hasta que llegaron los afganos que invadieron el país. Al final de la época Qajar aquellos edificios que fueron una perla quedaron para el arrastre, aunque posteriormente fueron restaurados.

Palacio Ali Qapu 

Una de las obras maestras de la arquitectura iraní se encuentra en el lado occidental de la plaza Naqhs–e Jahan. El Palacio Ali Qapu, el lugar de residencia del Shah Abbas I. Allí recibía a los altos cargos, dignatarios y embajadores de otros países que lo visitaban.

El edificio se construyó en el S XVI y marcaba la entrada al barrio residencial de la época safávida de Isfahán, que se extendía desde la plaza Naqhs-e.Jahan hasta el bulevar Chahar Bagh.

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El edificio es de lo más curioso. Fijaros bien en él. Si lo miras de frente parece que tiene dos plantas, si te mueves un poco y te pones de lado parece que tiene tres pisos pero si vas por detrás verás que realmente tiene 6 plantas, que alcanzan 48 metros de altura. La parte más destacable del edificio es su amplia terraza, apoyada por dieciocho estilizadas columnas de madera, así como las pinturas murales que decoran las paredes con flores, mujeres y dibujos geométricos. Todas son obra de Reza Abbassi, el pintor de la corte de Shah Abbas.

Una escalera de caracol lleva al sexto piso dónde se encontraba la sala de banquetes reales y las habitaciones más grandes del palacio. A este piso se le llama el «cuarto de la música», sus techos y paredes tienen un diseño de lo más curioso. El objetivo era mejorar la acústica de esta planta y evitar que las notas musicales de las canciones que allí se interpretaban para entretener al Shah Abas, no retumbaran en los mocárabes.

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Desde la terraza superior se tiene una vista privilegiada de la plaza Naqhs-e Jahan. Desde allí, el gobernante safávida contemplaba las carreras de caballos y los partidos de polo que se realizaban en la plaza a las que era muy aficionado. Fijaros en el artesonado de la terraza porque es impresionante.

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La entrada a Ali Qapu cuesta 200 mil riales. Si queréis saber más sobre este palacio en la entrada hay audioguías en varios idiomas.

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Mezquita Sheikh Lotfallah

En el lado este de la plaza Naqhs-e Jahan, justo frente al palacio de Ali Qapu, se encuentra una de las mezquitas más bonitas de Irán, la mezquita Sheikh Loftallah.

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En su origen Sheikh Lotfallah era un lugar de oración privado al que solo tenían acceso el Shah Abbas y las mujeres de su corte. Para llegar a la mezquita Loftallah unos pasadizos subterráneos atravesaban la plaza uniendo el palacio Ali Qapu con la mezquita, así sus mujeres estaban a salvo de las miradas curiosas de los transeúntes de la plaza. Por esta razón esta mezquita recibió el sobrenombre de la “mezquita de las mujeres”.

Seguramente cuando estéis delante de ella os llamará algo la atención y es que le faltan los minaretes. No los tiene porque era un lugar privado de oración.

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Tardó nada menos que 20 años en construirse y es otra obra maestra de la arquitectura iraní. Quizás es la mezquita más bonita que vi en Irán y es uno de los lugares que no os podéis perder en Isfahán.

Entrar en la Mezquita Sheik Lotfallah es entrar en un mundo de ilusión. Su diseño está hecho para engañar a los sentidos y nada en su decoración interior está dejado al azar. El uso de paralelos verticales y horizontales dan sensación de ingravidez y movimiento.

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Las paredes de Sherikh Lotfallah están enteramente recubiertas por cientos de teselas de colores, que forman todo tipo de dibujos geométricos y sus paredes están decoradas con poemas persas.

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Exteriormente su cúpula parece grande pero cuando entras es mucho más pequeña. Y es que, también se jugó al engaño con su tamaño, puesto que se construyó un armazón para recubrirla. La decoración del interior de la cúpula también engaña a nuestra vista. En función de la luz que se filtra por las ventanas y del lugar en el que te coloques, se hace la magia y como en un juego visual aparecerá ante vuestros ojos un pavo real.

La mejor forma para verlo es de pie en la puerta de entrada mirando hacia el centro de la cúpula, eso sí han de entrar los rayos de sol.

La mezquita Loftallah es pequeña, pero es de las que te dejarán embobado. La entrada cuesta 200 mil Riales (4€). 

La mezquita del Imán

La Mezquita del Imán de Isfahán se encuentra en el sur de la plaza Naqhs-e Jahan. Es otra de las increíbles obras de arquitectura del periodo safávida. Es conocida por sus mosaicos de colores que adornan todas sus paredes. En un principio se la llamó mezquita del Sha pero después de la revolución iraní se la conocería como la Mezquita del Imán.

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Se ideó para que fuera completamente grandiosa y luciera imponente en una de las esquinas de la plaza. Una obra de tal tamaño no se podía hacer en dos días, cual hospital chino, sino que requería mucho tiempo. El complejo comprendía la mezquita, dos madrasas y una mezquita cubierta para ser utilizada en invierno.

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Su diseño se hizo con mucho ojo, para que fuera completamente impactante. En vez de estar alineada con la plaza Naqhs-e Jahan, se escoró en uno de sus lados, para que su cúpula, la más grande de la ciudad, no quedara eclipsada por el arco de entrada. Al girarse 45 grados tanto la puerta como la cúpula de la mezquita, se puede ver desde cualquier punto de la plaza. Otra cosa que el arquitecto debió tener en cuenta es que, en cualquier mezquita el muro de la Qibla, donde está ubicada la sala de oración, tiene que mirar siempre a la Meca. Así que al torcer de esta forma la mezquita el muro miraba frente a ésta.

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El Shah Abass tenía prisas en que la construcción de la mequita finalizara lo antes posible, ya que quería ver concluida su obra maestra antes de cerrar la pestaña y a ese paso, las obras iban para largo. Así que empezó a meter prisas, las prisas que nunca fueron buenas hicieron que se buscaran recursos que sin ser una chapuza, se recurriera al truco. Y podréis verlas a poco que os fijéis de cerca, en los azulejos impresionantes que decoran toda la mezquita del Imán en Isfahán. Azulejos de colores turquesa, azul y blanco cuya elaboración venía heredada de la época de Tamerlan.

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En la mezquita Sha de Isfahán trabajaron los mejores artesanos y calígrafos. En un principio sus azulejos eran primorosos, pura artesanía heredada de la época Timurida. Estaban formados por miles de teselas cortados pieza a pieza de tonalidades azules, que engalanaban las paredes. Pero eso llevaba mucho tiempo y cuando llegó el momento en el que fueron obligados a trabajar contrarreloj, los artesanos idearon una nueva forma de hacer azulejos con una técnica que se llama de la «cuerda seca». Se marcaban los surcos del dibujo del azulejo con grasa, se pintaba encima y al meterse al horno la grasa se evaporaba quedando separados los colores. Así que veréis un montón de paredes cubiertas de azulejos que decoran todas las paredes. Si te fijas, de cerca son piezas más grandes, azulejos que ayudaron a revestir más rápidamente las paredes y que además salían más baratos.

Unos meses antes de que el Shah falleciera, finalizaría la construcción de la mezquita del Imán, así que le dio tiempo a contemplarla.

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Su cúpula sería la más alta de la ciudad, eso sí al igual que la mezquita del Shah Loftallah la cúpula de la sala de oración, era de doble capa. Así que no os sorprendáis cuando entréis dentro y veáis que realmente no es gigantesca, sino que es más pequeña. Su exterior solo es un cascarón que sujeta todos los azulejos de colores que la decoran.

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Bazar de Isfahán

No solo vais a poder visitar lugares increíbles en la plaza mayor de Isfahán. Al norte de Naqhs-e Jahan se abre una de las puertas de entrada al Gran Bazar. El Bazar-e Bozorg de Isfahán, dos kilómetros de laberínticas calles abovedadas que unen la ciudad vieja con la nueva.

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El Bazar-e Bozorg de Isfahán es uno de los mercados cubiertos más grandes y antiguos de Oriente Medio, que aparece mencionado en los diarios de los viajeros decimonónicos.

Daros una vuelta por este bazar de Isfahán porque seguro que algo os llevaréis. Podéis comprar desde dulces típicos, como el Gaz. Probar el Gaz, en Isfahán, ya que era un dulce que los reyes persas ofrecían a los grandes dignatarios que venían a visitarles. Tiene su origen en la época safávida. Su ingrediente principal es una raíz de un árbol de montaña que alcanza dos metros, además de esta raíz tiene pistachos, almendras, azúcar, agua de rosas y huevos.

La miel que se produce en Isfahán es una de las mieles de más alta calidad del país, la mezclan con hierbas medicinales. Se la denomina Fereydoun Shahr y aquí encontraréis puestos dónde la venden.

En sus plazas hay también restaurantes y cafés dónde podéis parar a comer y disfrutar de la deliciosa comida iraní.

Una de las cosas que os encontraréis en la mayoría de las tiendas del bazar de Isfahán, son objetos esmaltados en tonalidades azules. Es una de las artesanías más típicas que podéis encontrar aquí a parte de otros artículos de metal esmaltados.

En el bazar por supuesto veréis puestos de especias de colores que embriagan el ambiente, pistachos, frutas deshidratadas y cientos de frutos secos.

Hicimos otra parada, esta vez para beber un mojito sin alcohol que daba el pego. De regreso al mercado continuamos como diría mi amigo Miguel “pipeando” todos los puestos, del bazar e Bogdor. Encontramos piezas de marquetería que aquí en Isfahan se llama Khatmankari. Están formados por pequeñas piezas de madera triangulares que se juntan para crear bonitos dibujos geométricos.

Si os gustan los bordados en Isfahán encontraréis varios, en telas y tapices. Por supuesto también encontraréis kilims o alfombras, pañuelos o piezas de cerámica de color azul así como, grabados y todo tipo de piezas de joyería. Perderos por sus largo pasillos para descubrir los muchos rincones que tiene este bazar

Cuándo os canséis de andar y de hacer compras, os recomiendo subir hasta la azotea de uno de los bares que tienen vistas privilegiadas a la plaza de Isfahán. Se llama Isfahán Gheisarieh Gallery Café.  Además de poder ver en el interior del café alguna obra de arte lo mejor está en su azotea ya que tendréis las mejores vistas de la plaza. Ir pronto, porque en cuanto atardece la terraza se pone hasta arriba y no hay un hueco, por lo que os tocará esperar para que os dejen pasar.

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La entrada al Gheisarieh Gallery Café cuesta 25 mil tomans.

 La plaza de Isfahán hoy

Os recomiendo que cuándo estéis en Isfahán vayáis dos veces a su plaza Naqhs-e Jahan. No solo de día sino que también debéis verla de noche, cuando se enciende la iluminación nocturna en todos sus edificios y comienza a funcionar las fuentes que hay en el centro de la plaza, es como ver una plaza distinta.

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Recuerdo que cuando llegamos a la plaza de Isfahán lo primero que hicimos fue sentarnos en uno de los bancos, después del mega paseo que nos habíamos pegado.

Llegamos al medio día que es cuándo más tranquila está la plaza. Nos sentamos en un banco a ver la vida pasar. Un flujo constante de carritos de caballo recorre toda la plaza llevando a turistas locales de turné por la plaza. Había tantos que llegó un momento que aquello parecía un hipódromo.

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Comenzó a atardecer y cada vez había más gente en la plaza Naqhs-e Jahan. A esa hora apenas quedaba un banco libre dónde poder sentarse. Aprovechando el buen tiempo, que regalaba la primavera, la gente se tumbaba en el césped, les encanta hacer picnics improvisados. Se sentaban también en la orilla de la fuente con los pies en remojo para pasar lo que quedaba de tarde.

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Las calles adyacentes a la plaza Naqhs-e Jahan hay restaurantes dónde podéis comer.

El día siguiente continuaríamos conociendo Isfahán, pero esa es otra historia.

Feliz fin de semana 🙂

11 comentarios en “Naqhs-e Jahan La Plaza Real de Isfahán”

      • Grandiosa e imponente una Mezquita preciosa con esos azulejos azules la verdad es que es una pasada ya solo viéndola en tus fotos, tenerla delante… debe impresionar. A parte de ese bazar donde perderse un buen rato y salir cargados de regalos, miel, telas… nos encanta besazos.

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        • El sitio es espectacular y como además de ver cosas, puedes comer, comprar y ver la vida pasar es de lo más interesante. Gracias por leerme y un besote¡¡

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  1. Cada uno de tus viajes deja esa sensación de haber estado en otro mundo. Nos hace descubrir nuevos continentes, constumbre, comidas, ciudades increíbles y paisajes de ensueño. Y para completar el cuadro, tus fotos son de altísima calidad que permite apreciar lo que tus ojos han mirado. Leerte hoy, me hace recordar cuando leí «Las Mil y una Noche» y cada cuento lo vuelvo a recordar con tu maravillosa narración. La plaza, los bazares, las mezquitas, las fuentes fueron en un tiempo motivo de mis fantasías juveniles. Y no bien termino tu post, ya me tengo que preparar para tu siguiente parada. Que estés descanso y disfrutando de la ciudad. Un abrazo. Yo la pasé en grande leyéndote. Manuel.

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    • Así es Manuel, sirve de escenario para cualquier cuento de las mil y una noches. No veas los poemas que te inspirarian a ti un paseo por esa plaza. Un abrazo y como siempre muchas gracias por tus palabras. Pasa muy buen fin de semana

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  2. Que plaza tan bonita y que deifucuos tan espectaculares, aunque los construyeron tan deprisa y con trucos para que parecieran tan imponentes. De todas formas ente el coronavirus y los amercsnos, se esta poniendo un poco complicado visitar irán. En fin, que nos quede algo para cuando pueda visitarlo. Un beso y buen finde

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    • Sí ha sobrevivido tanto tiempo y con tantos avatares seguro que todo continuará en pie para cuando tú vayas a visitarlo y te va a encantar Bss y disfruta el finde

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  3. «Una obra de tal tamaño no se podía hacer en dos días, cual hospital chino», jaja, me parto!

    Qué hermosura de lugar, Bea. Las mezquitas Sheikh Lotfallah y la del Iman me han dejado con la boca bien abierta. Impresiona!

    Muchas gracias, Bea! Cuídate mucho en estos días de turbulencias! Un abrazo!!!

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    • Es que es verdad jejeje Asi es David el sitio es una hermosura, merece la pena de verdad, Que ganas con soñar de nuevo que somos libres para viajar. Un beso fuerte David espero que estés muy bien

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