Paro, la puerta de entrada a Bután

Todo viaje a Bután comienza y termina aquí, en Paro y es que en Paro se encuentra el único aeropuerto del reino de Bután. No solo da nombre a la ciudad sino al valle que se extiende a lo largo del río Pa Chhu.

Cuando aterrizamos en su desafiante aeropuerto, apenas pasamos en Paro unos minutos, ya que nos marchamos directamente a Thimphu, la capital de este pequeño reino de los Himalayas. Así que aún teníamos pendiente conocer esta ciudad y sus alrededores en nuestra última etapa de viaje por Bután.

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Hay mucho que ver en Paro, además de conocer su imponente Dzong, visitaríamos las ruinas más antiguas de Bután, subiríamos al monasterio más icónico del país, el Nido del Tigre y exploraríamos otros lugares interesantes del valle. Os cuento todo lo que vimos en Paro y sus alrededores.

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Paro Dzong

Nada más desayunar nos fuimos a conocer uno de los Dzong más bonitos de Bután. Se eleva sobre una colina y sus imponentes muros blancos, son visibles desde cualquier punto del valle.

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En un principio, el Dzong albergó la sala de reuniones de la Asamblea Nacional pero en la actualidad además de funciones religiosas, también alberga las oficinas gubernamentales de Paro.

Aunque a los turistas no nos dejan ver muchas de las capillas que hay en el interior del Dzong, su arquitectura de madera es tan primorosa y hay unas vistas tan espectaculares desde la terraza, que merece mucho la pena conocerlo. Así que no os olvidéis incluirlo en la lista de lugares que ver en Paro. Es un lugar tan atractivo, que hasta Bernardo Berolucci lo escogió para rodar muchas escenas de la película “El pequeño Buda”.

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El Dzong de Paro en realidad se llama Rinpung Dzong y significa algo así como «fortaleza sobre un montón de joyas». No sé si en sus cimientos habrá algún tesoro, pero el nombre se las trae.

Os recuerdo que para visitar cualquier Dzong en Bután hay que ir tapadito. Con brazos y piernas cubiertos. Tampoco se permite tapar la cabeza, así que gorras y sombreros fuera. Aquella mañana cumpliríamos las normas de vestimenta sin problema, íbamos bastante tapados, ya que el día estaba muy nuboso y hacía una rasca de primera.

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Para llegar al Dzong, hay que cruzar el río Paro Chhu y se hace atravesando un puente cubierto de madera. Este no es el puente original, desafortunadamente una riada en 1969 se llevó por delante el puente primigenio y el que hay ahora es una reconstrucción.

El dzong está rodeado de jacarandas, así que durante la primavera pasar por aquí debe de ser un auténtico espectáculo visual con las flores lilas luciendo en todo su esplendor. Tras cruzar el puente, accedimos al imponente Rinpung Dong. Llegamos a un patio, allí se alzaba la gigantesca torre principal que se llama utse, de cinco plantas. Aquí, además de encontrarse la sección administrativa del Dzong, hay un santuario que alberga a los dioses guardianes de Paro.

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El Dzong de Paro se construyó en 1644 sobre los cimientos de un antiguo monasterio que había fundado el Gurú Rimpoché. Este fue el que difundió el budismo por el Tíbet y quien voló sobre el tigre hasta el monasterio Taktshang. En su larga historia, el Dzong de Paro ha padecido todo tipo de catástrofes, un terremoto en 1897 y en 1980 un incendio le ocasionó innumerables daños, pero inmediatamente fue restaurado.

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El edificio es completamente blanco. El punto de color lo pone la magnífica carpintería tradicional butanesa que decora tanto puertas como ventanas de madera que están pintadas en color rojo, ocre, negro y oro. El máximo exponente de esta decoración se encuentra en uno de los patios, construido enteramente de madera, es impresionante.

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A todos los sitios siempre llegábamos con nuestro guía. La verdad es que no se explayaba demasiado y tras darnos una corta explicación, nos dejaba a nuestro aire. Así que inmediatamente después, nos fuimos por nuestra cuenta a explorar todos los recovecos del Dzong.

Una escalera daba acceso a la parte monástica del Dzong de Paro, dónde viven más de 200 monjes. Lo mejor de todo, fue poder curiosear en las salas donde estaban rezando o comiendo. Además de escuela budista, los monjes se alojan allí y fue curioso ver un poco más de cerca cómo era la vida dentro del monasterio, entre sus rezos, comidas y el ir y venir de monjes, con sus túnicas granates.  

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Muchas paredes están decoradas con coloridos Tankas y murales budistas. En ellos se representaba la rueda de la vida, mándalas cósmicos, representaciones del mito budista de los cuatro amigos, el monte Meru o dioses con aspecto furioso.

La gran sala de oración se llama dukhang, en su interior no se pueden hacer fotos. Las paredes exteriores de esta sala están decoradas con preciosos murales que relatan la vida del poeta y santo tibetano llamado Milarepa, muy venerado por los budistas.

Pasamos un par de horas recorriendo las salas, pasillos y patios del dzong de Paro. Una de las cosas que no os podéis perder, son las vistas privilegiadas que se tienen desde la terraza, desde dónde se divisa todo el valle de Paro.

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Al noroeste de la entrada se encuentra una explanada empedrada donde todos los años se celebra uno de los festivales más famosos del país, el Paro Tchechu. Este es un festival de baile y música tradicional, en el que se despliega un gigantesco thangka de 18 metros que representa al Gurú Rimpoché.

No puedo más que recomendaros que hagáis coincidir vuestro viaje a Bután con alguno de los tchechu que se celebran en Bután. Acude gente procedente de todo el país y son todo un espectáculo. Si queréis saber cuáles son los festivales, dónde se celebran, qué se ve en cada uno de ellos, así como las fechas en las que se realizan, os lo cuento Aquí.

Ta Dzong, el Museo Nacional de Bután

Otro de los lugares que tenéis que ver en Paro es su museo nacional, se llama Ta Dzong. El edificio es una antigua torre de vigilancia del S. XVII desde el que se tienen unas bonitas vistas del valle de Paro. Está situado justo detrás del Paro Dzong.

En el museo podéis ver una colección de pinturas, estatuas, joyas y artesanía que sirven para hacer un recorrido por la historia de Bután. Lo más famoso de este museo es su colección de sellos de todas las formas, tipos y clases que os podéis imaginar. En uno de ellos está representado el mismísimo Yeti. En la última planta del museo hay una capilla.

Drukgyel Dzong

Tras visitar el Dzong, nuestra siguiente parada la haríamos a 14 kilómetros. Conoceríamos el lugar más antiguo del valle de Paro, las ruinas de Drukgyel Dzong.

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El fundador de Bután construiría en 1649 esta fortaleza sobre la cima de una colina. El Drukgyel Dzong sirvió no solo para conmemorar la victoria de Bután sobre las tropas invasoras tibetanas, sino que también tenía un claro sentido defensivo. Desde su posición estratégica, cercana a la frontera, tenían las mejores vistas para divisar las posibles incursiones de las tropas tibetanas.

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Cuando cesaron las hostilidades entre Tíbet y Bután, Drukgyel Dzong sirvió de parada a las rutas comerciales que unían a ambos países. Como todas las fortalezas de Bután, su estructura era de madera, material que condenaría al edificio a la destrucción total, cuando en 1950, las llamas de un incendio lo arrasaron completamente.

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De estas ruinas queda un edificio central con un patio adyacente que está rodeado por otras construcciones más pequeñas. Está rodeado por una muralla fortificada de la que sobresalían torres de vigilancia, ahora colonizadas por la vegetación.

Rodeando al Dzong se extendían unos acantilados escarpados llenos de árboles y vegetación. Parece ser, que unos túneles conectaban el Drukgel Dzong con el río, pero no los pudimos ver porque estaban sellados.

Las vistas desde aquí son espectaculares. Entre las nubes, se divisaba el monte Jomolhari de 7.326 metros de altitud.

Si os gusta hacer senderismo y queréis recorrer Bután de una forma diferente, desde Drukgel Dzong parten dos rutas.  Una, que consiste en nueve días de caminata, con inicio aquí en Paro y terminando en Thimphu. En el recorrido se descubre a pie el precioso paisaje de Bután.

Otra de las rutas, la más corta, parte del Museo Nacional de Paro y llega también a Thimphu atravesando dzongs, monasterios, ríos, lagos y campamentos nómadas. También vimos a unos turistas que iban a hacer la ruta en caballo, por lo que puede ser otra opción diferente para conocer esta zona de Bután.

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Muy cerca de Drukgel Dzong, se encuentra otro de los lugares que tenéis que ver en Paro, el Nido del Tigre, al que habíamos subido el día anterior. El monasterio de Taktshang es un icono de Bután. Para llegar hay que recorrer 5 kilómetros entre bosques de rododendros y robles, hasta alcanzar el acantilado dónde está encaramado este precioso monasterio, a 3.120 metros.

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Ya os conté como fue nuestra subida al Nido del Tigre, aunque es cansado y un poco rompe piernas (para como los que como yo, tenemos el estado físico del mismísimo Don Pimpón) es una de las cosas que no os podéis perder en Bután.

El Valle de Paro

Tras visitar Drukgyel Dzong fuimos a dar un paseo por el valle de Paro. Este es el valle más grande de Bután. Me gustó pasear por el valle, no solo porque las vistas son de lo más pintorescas sino porque es un paseo que te permite conocer el lado más rural de Bután, dónde parece que el tiempo se ha detenido.

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Todo el valle de Paro estaba cubierto por campos de arroz, el punto de color lo ponían las casas de labranza tradicionales. Las casas de los agricultores siguen un mismo patrón arquitectónico. Son de un blanco “Ariel” con techos, balcones y puertas de madera que se han ensamblado sin un solo clavo.

Era finales de septiembre, por lo que los campos de arroz ya estaban de un intenso amarillo, señal inequívoca de que se iniciaba el momento de la recolección, por lo que en aquel momento los agricultores del valle andaban de lo más atareados.

Dos ríos atraviesan el valle, el Paro Chhu y el Wang Chhu. En su recorrido llegan hasta el monte Jomolhari donde se encuentra la frontera tibetana.

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Recorriendo Paro

Ya de vuelta a la ciudad, dedicamos unas horas para recorrer las calles de Paro. Fuimos a la calle principal, dónde por supuesto la arquitectura tradicional butanesa estaba presente en todas las casas. No tienen más de dos plantas. Todas estaban encaladas y tenían bonitas decoraciones de madera.

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Pero lo mejor de pasear por Paro era cruzarte con los monjes, con los agricultores vendiendo los productos de sus huertas en puestos improvisados y sobre todo la gente, los butaneses con su ropa tradicional. Creo que esta fue una de las cosas que más me gustó de Bután, porque me sentía como si me hubiera transportado a la tierra media. No tenía la sensación de estar en el S. XXI sino que había viajado a otro mundo y eso me encantó.

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Tras pasar un rato y cotillear en algunas tiendas de la calle principal, hicimos una parada en el Champaca Café para tomar algo. Además de tomar café podéis probar la cerveza local que se fabrica en Paro.

Si tenéis tiempo y os gusta probar cosas diferentes, podéis ir a Namgay Artisan Brewery, una fábrica de cerveza artesanal dónde además de conocer cómo se elabora, podéis probarla en su bistro. Hay 7 tipos de cerveza diferentes y además de beber, también podéis comer tanto platos occidentales, como indios y por supuesto especialidades butanesas.

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Continuamos nuestro paseo por el centro de Paro. Además de cafeterías y restaurantes, veréis un montón de tiendas de recuerdos. Todos los domingos, en Paro, se celebra un mercado dónde podéis comparar artesanías, sombreros de pelo de yak, parafernalia budista, pinturas, imanes o postales y llevaros un recuerdo de Bután a casa. Este es el mejor lugar de Bután para hacer compras.

Seguimos andando hasta que llegamos al río. Cerca de la orilla parte un sendero que te permite dar un paseo en paralelo al río. Lo que nos llamó la atención es que era de un color grisáceo, no sé si era por culpa del día tan nuboso porque el agua procede de los Himalayas y debería ser cristalina. A lo largo del río hay varios puentes y en ellos siempre ondean las banderas de oración.

Tachog Lhakhang

Quizás uno de los puentes más famosos de Paro es el que conduce hasta el monasterio Tachog Lhankhang. Este monasterio del S XV está entre Paro y Thimphu encaramado en una colina. Para acceder a el, hay que atravesar un puente, pero no es un puente cualquiera sino que es un puente de hierro que puede dar un poco de vértigo. Precisamente porque parece un poco inseguro cuando hace mucho aire lo cierran. Atravesarlo mientras se bambolea puede ser toda una experiencia.

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Aquí en Paro pondríamos el punto final a nuestro recorrido por Bután, un país que nos encantó y al que espero poder algún día regresar. Si queréis saber el itinerario que hicimos, la info útil para viajar a este país y cómo organizamos el viaje a Bután, tenéis toda la info en esta otra entrada del blog.

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Este post se lo dedico a mi amigo Horacio, el Microbiólogo Viajero, que debería de haber ido a Bután hace un mes y se ha tenido que quedar en tierra por culpa del coronavirus. Espero que sea por poco tiempo y en unos meses, recupere su faceta de buhonero, por tierras del Himalaya.

Feliz fin de semana☺

11 comentarios en «Paro, la puerta de entrada a Bután»

  1. Querida butanera:
    Me ha hecho muchísima ilusión que me dediques el post de esta semana. La principal razón por la que quería ir a Buthan es porque me lo recomendaste tu y tras leer tus entrada de Buthan he terminado completamente enamorado de este país. Llegó el covid y se fue todo al traste. Ahora cada vez que veo una bombona de butano me entra una tristeza tremenda. De todas formas, no perderé la esperanza y espero pronto cumplir mi sueño. De momento me conformaré con tus magníficos post que me transportan al Himalaya y me hacen sentir más buhonero que nunca.
    Un beso y feliz fin de semana.

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    • veo que ya te conformas hasta con una bombona de butano. Bueno, cada vez queda menos para que puedas ir al reino medio, ya veras y cómo vas a disfrutar!! El doble por las ganas que tenemos todos de volver a irnos de viaje. Buen finde

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  2. ¡Menudo viaje nos has hecho dar en la máquina del tiempo! Me ha encantado el lugar y efectivamente se respira tradición en las imágenes que nos presentas.

    Tras haber sufrido incendios como los que nos comentas, sorprende que sigan construyendo en madera, aunque es de agradecer porque materiales más industriales restarían en el entorno Esas construcciones en madera, con ese colorido, se ven fantásticas.

    Gracias por tan agradable y didáctico paseo. ¡Saludos y feliz semana!

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    • Hola Anxo¡¡ En Bután han preservado su arquitectura tradicional, tanto en las ciudades como en todos los dzong, es un peligro, está claro porque todos han sufrido incendios. Lo mejor es que está ensamblado todo sin un solo clavo y esa dificultad da aún más valor a estos edificios que son de por si impresionantes.
      Un abrazo y pasa muy buen domingo¡¡

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  3. Gracias por darnos a conocer un lugar tan bonito y arraigado a sus tradiciones.
    Es un placer leer tu blog una samana más.

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