Los últimos nómadas del Gobi

Uno de los desiertos más grandes del mundo es el desierto de Gobi, ubicado entre el sur de Mongolia y el Norte de China. Viajar por este desierto no es cómodo ni sencillo. Sin un buen GPS o un conductor local que conozca muy bien el terreno, estás muerto. Aquí no hay carreteras, ni señalizaciones, el asfalto es raro de ver y durante todo el tiempo viajas por pistas de tierra o sobre las rodadas de otros coches.

Desierto-del-Gobi

Si todo desierto entraña dificultades, este tiene un plus, un clima de lo más hostil. Sus temperaturas son extremas, pasando de los 45 grados en verano a los -50 en invierno, así que puedes imaginarte que no es un lugar fácil para vivir.

Desierto-del-Gobi

Sin embargo, hasta en los lugares más complicados de la tierra, te encuentras con personas que son capaces de adaptarse y vivir en unos entornos tan poco amables. Un buen ejemplo de ello son los nómadas del Gobi, en Mongolia.

Los nómadas del Gobi, han habitado estas tierras desde tiempos inmemorables y continúan viviendo de la misma forma en la que lo hicieron sus antepasados. Siguen cambiando de ubicación con las estaciones, en busca de pasto y agua para su ganado, siguen viviendo en gers, como en los tiempos de Ghengis Khan.

La única licencia de modernidad que puedes ver es un pequeño panel solar y una antena parabólica que les conecta con el mundo del siglo XXI.

Ger-Gobi

Para que te hagas una idea del aislamiento en el que viven, piensa que el tamaño de Mongolia es tres veces el que tiene España, sin embargo, en el país tan solo viven dos millones y medio de habitantes. De estos, el 70% son nómadas que se encuentran desperdigados en un territorio amplísimo y muchos de ellos en zonas remotas. Durante nuestro viaje por el Gobi había veces que podíamos pasar un día entero sin encontrar ningún ser vivo, con la sola compañía del silencio y aquellos horizontes que se perdían a nuestra vista.

Ger-Gobi

Durante nuestro viaje por el desierto de Gobi en Mongolia, atravesamos kilómetros y kilómetros por un paisaje que parecía haber sido arrasado, estilo Mad Max. Así que cuando en medio de la nada nos topábamos con un Ger, el alojamiento/casa típico de Mongolia, siempre nos parábamos para hablar con ellos.

Lo cierto es que no era gente muy simpática, ni tampoco eran que digamos muy alegres sino que más bien eran rudos y hoscos. Gente de pocas palabras, que apenas esbozaban una sonrisa, vamos, unos siesos de primera. Recuerdo como Óscar y Manolo les hacían cucas monas a los niños para ver si les arrancaban una sonrisa, pero por más que se esforzaban, los niños mantenían su gesto indiferente y serio. Se les quedaba mirando con sus ojitos achinados como diciendo: ¿Pero que estáis haciendo petardos? Entiendo que la dureza de ese entorno se imprime como fuego en ese carácter.

Los niños, desde los tres años, aprenden a montar a caballo. Los equinos por esas latitudes, son más pequeños que los caballos españoles, pero mucho más fuertes y salvajes. Desde muy pequeños se les enseña a ser diestros jinetes y cabalgaban a trote por las estepas como si les persiguiera el mismo diablo.

El tadem que forma el nómada mongol y sus caballos, viene de lejos, desde la época del temible Ghenghis  Khan, al que en Mongolia llaman Chinggis Khan. Genghis logró que su Imperio se extendiera desde Hungría hasta Corea y desde Siberia hasta el Tíbet.

Es fácil comprender que sus fieras hordas de guerreros tuvieran aterrorizados a medio mundo. En Europa les llamaban los «Jinetes del Infierno».

Cada soldado tenía 5 caballos. En aquel momento ya conocían los estribos, por lo que podían disparar sus arcos mientras iban a galope y sin necesidad de pararse. Se apoyaban sobre los mismos y eran capaces de hacer malabarismos sobre ellos. Una de las cosas que mejor sabían hacer, era deslizarse por el costado de su caballo con el objetivo de proteger su cuerpo de las flechas enemigas.

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El que cada guerrero contara con varios caballos, tenía una buena razón. A ojos de sus enemigos les hacían parecer un ejército más numeroso y saltaban de caballo en caballo para no agotarles durante las batallas. Desde aquel entonces los mongoles se ha caracterizado por ser diestros jinetes y lo siguen siendo hasta hoy en día.

Caballos-Desierto-Gobi
Niño-Jinete-Gobi

Una de las familias nómadas del Gobi con las que estuvimos, se enorgullecían de como su hijo de 5 años había ganado varias carreras. Para un mongol, su mayor orgullo es poder participar en el festival de Naadam. Este es uno de los festivales más famosos de Mongolia que se celebra todos los años la segunda semana de Julio.

En el festival de Naadam se practican tres disciplinas: el tiro con arco, la lucha mongola y las carreras de caballos. Estas son más duras que cualquier carrera que se pueda presenciar en una hípica occidental, ya que se realizan campo a través, cubriéndose distancias que van de 15 a 30 kilómetros y en la que los jinetes, son niños de 5 a 13 años. Antes de llegar a participar en este festival, los niños entrenan de forma natural trotando con sus caballos por las estepas mongolas.

Niño-Jinete-Gobi

Aunque no sean simpáticos, sí son buenos anfitriones, por lo que lo primero que hizo la joven madre de una de las familias nómadas que visitamos fue ofrecernos Airag. El «airag» es una de las bebidas típicas de Mongolia, que consiste en leche de yegua fermentada. Una delicatessen local que lógicamente como invitados no podíamos rechazar, así que la probamos.

El sabor era realmente malo, una mezcla salada, agría con un sabor muy potente. Pegué el trago mientras se me ponían los pelos como escarpias y sonreí pasando a mis amigos aquel cuenco con el bebedizo. Los muy traidores apenas se mojaron los labios y corriendo se lo devolvieron a la mujer.

Nomadas-Gobi

La alimentación de los nómadas del Gobi, se basa fundamentalmente en carne y derivados lácteos.  El yogur, el queso y el aaruul (queso seco) es la dieta principal de los nómadas del Gobi durante los meses de verano y por supuesto, una buena botella de vodka, para calentar las duras noches de invierno y las del verano…

La dedicación principal del nómadas del Gobi, es cuidar a sus animales, para producir fieltro, queso y otros derivados lácteos. Los hombres crían y cuidan a los caballos mientras que las mujeres ordeñan a las yeguas.

Durante el verano es la época en la que más trabajo tienen los nómadas, ya que es el momento en el que sus animales tienen crías y han de conseguir el máximo rendimiento de la leche de sus animales, produciendo derivados lácteos que guardarán para consumir durante el duro invierno.

Nomadas-Gobi
Los nómadas del Gobi, utilizan un lazo de pértiga llamado «uurga», para reunir las manadas y capturar los caballos salvajes.

Nomadas-Gobi

Durante el mes que estuvimos en Mongolia apena pudimos catar verdura, ni fruta y aquí en el desierto de Gobi, con ese clima tan terrible es imposible cultivar nada. Así que si eres vegano y quieres venir aquí estás advertido ¡vas a morirte de hambre¡ Bueno si, puedes comer arroz cocido que era el acompañamiento diario de nuestra carne estofada. 

Carne estofada con arroz fue nuestro menú diario durante el mes que estuvimos de viaje por Mongolia. Con esa dieta tan variada, el tapón intestinal estaba garantizado y te aseguro que duraba días.

Estuvimos con la familia un buen rato viendo cómo los niños jinetes se difuminaban en el horizonte con sus pequeños caballos, libres como el viento.

Nomadas-Gobi

Durante el invierno, los niños estudian alejados de sus padres en un internado y regresan en cuanto llega el verano para ayudar a sus padres con las labores de pastoreo.

Nomadas-Gobi
Nomadas-Gobi

Entre tanto estábamos viendo los caballos de la familia, el perro no nos miraba con muy buena cara. En Mongolia todas las familias tienen un perro guardián que es como un lobo feroz. En cuanto te aproximabas empezaban a gruñir y a ladrar. Algunos son realmente agresivos, por lo que ten cuidado con ellos porque son perros guardianes de los de verdad.

Nomadas-Gobi

Durante nuestro viaje por el desierto de Gobi que ya os conté en otro post, pensaba como podía apañarse esta gente cuando enfermaban o en el caso de que tuvieran un accidente en medio de la nada.

Las ciudades están muy alejadas de los asentamientos nómadas y llegar a un hospital o encontrar un médico no es tarea fácil. Aquí no queda otro remedio que ser autosuficiente y ser capaz, con mínimos conocimientos y medios, de solucionar cualquier problema médico que pueda surgir. Otro punto más para entender la dureza de carácter de los nómadas del Gobi.

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Los rayos de sol se iban apagando entre unas nubes que parecían borreguitos dibujados en un cielo de color azul intenso. Una vez desaparecía la luz poco podíamos hacer porque no había electricidad. En cuanto caía la noche unos pequeños generadores nos daban luz durante un par de horas para alumbrarnos mientras cenábamos después poco podíamos hacer. La aparición y desaparición del sol, marcaba el inicio y el final de nuestro día.

Aquí no hay ninguna alternativa de ocio, ni de socialización para los nómadas, puesto que los gers se encuentran bastante apartados unos de otros. Así que los mercados y festivales son la única forma que tienen de socializar, relacionarse y conocer gente .

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La vida del nómada del Gobi es sin duda una de las más duras y complicadas que hay en nuestro planeta. Esta es una de las razones por las que muchos emigran a Ulan Bator, en busca de una vida mejor.

Sin embargo, la ciudad es un lugar hostil donde los nómadas tampoco encuentran la mejoría anhelada. El éxodo del campo y de los horizontes libres hacia las ciudades, puede suponer el fin de una forma de vida ancestral, la de los nómadas del desierto de Gobi y precisamente no para encontrar un futuro mejor.

Feliz fin de semana 🙂

6 comentarios en «Los últimos nómadas del Gobi»

  1. Me parece increíble la dura vida que lleva esta gente, en cierto modo, aunque salvando las diferencias, me recuerda a mis abuelos, que siempre se han dedicado al rural y nunca se han planteado otra vida que no sea lo que se ha hecho siempre, imagino que allí pasa algo similar y que son las nuevas generaciones las que ven las comodidades que les ofrece la ciudad cuando van a estudiar allí.
    Tiene que haber sido toda una experiencia haber pasado allí un mes con ellos. Enhorabuena por el post.
    Saludos!!

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    • Si la verdad es que es muy duro, sobre todo por el clima, como no tienen comodidades como la electricidad o el agua, tampoco las echan de menos, lo bueno es que son libres como el viento, el espíritu nómada es más fuerte que cualquier otra cosa. El problema cuando dejan esa vida y van a una ciudad es que malviven así que no se que decirte. Pasa un feliz lunes:)

      Responder

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