Vagando Por Mundopolis

Tamegrout, las Dunas de Tinfou, Tagounite y Beni Sbih

Hace un día dejé atrás Zagora y su famoso cartel en el que reza la frase “Tombuctú 52 jours”, nuestro destino iba a ser un pueblo que estaba más al sur, el pueblo Beni Sbih. Pero antes de llegar haríamos varias paradas en el camino para visitar Tamegrout, las dunas de Tinfou y Tagounite.

Beni Sbih es un pueblito al sur de Marruecos que formaba parte de las antiguas rutas de caravanas del África subsahariana que unían Tombuctú con Marruecos.

Este no es un lugar al que vayan los turistas, tampoco figura en las guías de viaje. Conocí de su existencia por unas antiguas fotografías en blanco y negro de mujeres judías que vivían en este pueblo y que llevaban unos increíbles atuendos que podéis ver aquí

Y es que, Beni Sbih además de haber sido parada de las largas caravanas de dromedarios, fue un centro de la comunidad judía bereber aquí en Marruecos.

Nos levantamos pronto para aprovechar las pocas horas de fresco que regala el caluroso clima por estas latitudes.

Mientras estaba desayunando pensé en el cartel de Zagora y recordé la odisea que supuso para mi hace ocho años llegar a Tombuctú, que podéis leer en ésta otra entrada del blog.

Aunque tan solo me encontraba a 200 km de la mítica ciudad, me llevó un día entero llegar. Después de haber pasado por todo tipo de adversidades en la carretera, alcanzar Tombuctú, incluso hoy en día sigue siendo una odisea.

Así que, si se hiciera ahora ese mismo camino en dromedario desde Zagora se tardaría lo mismo o incluso más, considerando los problemas que hay en las fronteras de estos países y sobre todo en el propio Mali. En cualquier caso daba igual lo que se tardara porque seguro que era un viaje apasionante.

En el mapa que os pongo a continuación podéis ver el recorrido y la ubicación de cada uno de los lugares que visitamos:

Salimos de Zagora y a tan solo 18 kilómetros haríamos nuestra primera parada Tamegrout.

TAMEGROUT

Otro de los lugares que merece ver en el Sur de Marruecos es Tamegrout. En el S. XI Tamegrout era una ciudad de gran importancia puesto que aquí se fundó una escuela sufí nazarí que intermediaron entre las belicosas tribus bereberes de las montañas circundantes.

Esta escuela se basaba en el estudio profundo del islam y por ello, fundaron una biblioteca que fue la más grande de Marruecos recopilando más de 40.000 volúmenes. Como sucedió en Tombuctú sus bibliotecas atesoraban libros de matemáticas, astronomía, álgebra y cartografía entre otras muchas materias de inestimable valor.

En Tamegrout puedes visitar esta biblioteca, pero ten en cuenta que no se permite hacer fotografías. Además de la biblioteca puedes visitar parte de la zawiya nazarí o lo que es lo mismo, el centro de aprendizaje islámico, formado por una mezquita, una madrasa y la tumba de su fundador Abu Abdallah Ibn Muhammad Nacer.

Nada más aparcar el coche se nos acercó un lugareño que se prestó a guiarnos por la ciudad. Nos dejamos llevar por él atravesando las estrechas callejuelas en penumbra.

Al igual que en Beni Sbih, mereció la pena parar en Tamegrout, aunque solo sea por pasear en el laberíntico entramado de calles de su ksour subterráneo.

Tamegrout es famoso también por sus piezas de alfarería. Artesanos de Fez se instalaron en la ciudad e influyeron en la manera de realizar su cerámica de color verde vidriada, que corona en forma de tejas varias partes del techo de su mezquita.

Si quieres comprar cerámica este es un buen lugar para hacerlo, ya que hay numerosas tiendecitas en las que seguro encontrarás una pieza bonita.

Las Dunas de Tinfou

Continuamos nuestro camino y pocos kilómetros después de abandonar Tamegrout en un lado de la carretera asomaron como en una extraña visión una isla de dunas, eran las dunas de Tinfou.

Decidimos desviarnos para visitarlas. Son un poco irreales, ya que, en medio del paisaje reseco, árido y pedregoso, situadas frente a un paredón de montañas grises se alzan estas onduladas dunas doradas.

Cuando te acercas te das cuenta de que en realidad son cuatro dunas, sin embargo, para aquellos que no tengan tiempo para visitar Merzouga, quizás puede ser un buen lugar para hacerse una idea de cómo son las dunas del Sahara, pero en miniatura.

Las dunas de Tinfou son la antesala del desierto que se encuentra mucho más lejos, a unos setenta kilómetros de aquí.

Nada más bajarnos del coche se nos aproximó un beduino corriendo con sus dos dromedarios que nos quería ofrecer un paseo por las dunas. Se lo agradecimos, pero le dijimos que lo que nos apetecía era ir andando. Nos despedimos de él y él nos lanzó una gran sonrisa con su boca desdentada.

Comenzamos a andar por la arena. Las dunas son bonitas, pero son cuatro en guerrilla. Subimos hasta una de las más altas y nos quedamos un rato para ver el paisaje.

Desde la cresta de la duna se divisa un paisaje lleno de contrastes, rodeando la isla de arena, se extiende una llanura oscura y altas montañas.

Este es otro de los lugares que tienes que ver en el sur de Marruecos, pero ten en cuenta que si solo vas a venir hasta aquí para ver dunas pensando que son tan grandes como un desierto, te llevarás un chasco, porque ocupan muy poca extensión. Solo necesitarás 15 minutos para visitarlas ya que no dan para más, así que no esperéis mucho de ellas ya que no es lo mismo que un auténtico desierto.

Regresamos a nuestro coche para seguir la ruta hacia Beni Sbih. Como estábamos sedientos del paseo por las dunas decidimos parar en el primer pueblo por el que pasáramos para comprar agua. Nuestra siguiente parada sería el pueblo de Tagounite.

Tagounite

En el pasado a Tagounite se le conocía con el nombre de Tiyumetin. Como se encuentra muy cercano a la frontera de Argelia hasta los años 80 era necesario tener un permiso especial para poder entrar en este pueblo.

Cuando llegamos había mucha actividad puesto que era el día de mercado. En esta ciudad también hay una biblioteca coránica, que no pudimos ver, porque estaba cerrada cuando llegamos.

Así que compramos agua y dimos una vuelta por el mercado. Lo cierto es que me recordó mucho a los mercados que te puedes encontrar en Mali y en los países mucho más al sur de Marruecos.

Más tarde, nos acercamos hasta una antigua kasbah fortificada que tampoco se podía visitar. Estaba abandonada y medio en ruinas, aunque en su momento debió de ser un lugar lleno de actividad, cuando las caravanas paraban en este pueblo.

Si quieres dormir aquí hay una antigua Kasbah que ahora es un hotel, se llama Kasbah Ait Isfoul.

Aquí en Tagounite es dónde se coge el desvío para llegar hasta Beni Sbih que se encuentra tres kilómetros más al sur.

Beni Sbih

Un extenso palmeral nos anunciaba la llegada a Beni Sbih, aparcamos el coche a la sombra, el calor ya apretaba de lo lindo, en breve volveríamos a padecer otros 45 grados.

Iniciamos nuestro paseo por las polvorientas callejuelas que poco han debido de cambiar de aquella época en las que las largas caravanas recalaban por aquí.

Cuando llegamos no se veía a nadie por el pueblo, pero de repente empezamos a escuchar bonjour, bonjour, los niños empezaron a salir de las casas.

Empezamos a andar por Beni Sbih y cada vez teníamos más niños que nos seguían como una cohorte risueña, entre bonjoures y risas, jugaban al escondite y salían corriendo cada vez que nos girábamos. No les hacían faltan los móviles, ni consolas, ni videojuegos para divertirse, son de los que juegan en la calle como hacíamos nosotros de pequeños en nuestros tiempos.

Beni Sbih es un pueblo curioso. Todo el pueblo como la mayoría de los que se encuentran en el valle del Draa es de adobe, pero lo mejor y lo más sorprendente de Beni Sbhi es que sus calles no están al aire libre, sino que están cubiertas por solidas vigas de madera de palma, paja y adobe, por lo que la sensación es la de estar paseando por una ciudad subterránea.

Aunque Tamegrout fue un aperitivo de las ksour subterráneos, en Beni Sbih el pequeño pueblo parece enteramente soterrado, aunque realmente no lo esté, puesto que al estar cubiertas todas las calles la sensación es como estar en las profundidades de la tierra.

El entramado de callejuelas laberínticas solo se ilumina cuando hay un cruce de calles, que permite entrar los rayos de sol para saber por dónde estás pisando.

Sus habitantes utilizaron su ingenio para evitar la calorina, techando las estrechas callejuelas. La sombra ayuda a caminar sin achicharrarse y disfrutar de un poco de frescor. Por lo que además de servir para mitigar el aplastante calor que azota a diario al pueblo, sirve para guarecerse de los frecuentes remolinos de arena que se levantan todas las tardes en esta zona de Marruecos.

Muchas partes de Beni Sbih han colapsado y ahora solo son solo una huella del paso de aquellas antiguas caravanas y quedan restos de adobe y troncos de palmera que en su momento fueron antiguas casas dónde se comerciaba.

Hubo un momento que este lugar era el punto más importante desde donde partían las caravanas hacia Tombuctú. En el S. XVI Beni Sbih fue visitada por el viajero, historiador y militar español Luis del Mármol Carvajal. En uno de sus libros menciona a esta ciudad, diciendo que estaba amurallada y defendida por una guarnición que protegía a sus ciudadanos de los ataques de los árabes.

Las caravanas de dromedarios funcionaron en esta parte de África desde el Siglo II aC hasta el S. XIX. Desde Tombuctú transportaban sal, marfil, oro, conchas entre otros muchos objetos de valor entre los que se incluían esclavos. Más de siete mil esclavos fueron llevados hasta Marruecos y aquí en los pueblos del sur, podemos ver alguno de sus descendientes, en los rasgos y en el color de la piel de sus gentes.

Además, estas rutas de caravanas, fueron responsables de que el islam se propagase desde el norte al oeste de África. Pero lo curioso es que en Beni Sbih se mantuvo una comunidad judía que conservó todas sus tradiciones.

La importancia que tuvo Beni Sbih se disolvió con el paso del tiempo, tras la desaparición de las caravanas. Ahora es un pequeño pueblo en la que ya no pasean mujeres judías ataviadas con sus pesadas joyas, sino que las mujeres van envueltas en telas negras con unos pequeños bordaditos florales de color rojo y verde, atareadisimas recogiendo trozos de palmera que llevaban de un lugar a otro.

Llego el medio día y aún teníamos que deshacer todo el camino que habíamos hecho. Nuestro siguiente destino sería recorrer la ruta del Draa hasta Ouarzazate, pero eso es otra historia.

Si estás en Zagora, acercate a estos pueblecitos, ya que encierran mucha historia y son lugares curiosos, diferentes e interesantes que ver en el Sur de Marruecos.

En el vídeo podéis ver un pequeño resumen de todos los lugares que os he hablado.

Feliz Fin de Semana.

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