Vagando Por Mundopolis

Tsenkher: Mongolia

Llevábamos doce días recorriendo el desierto de Gobi. Nos dirigíamos al noroeste de Mongolia, nuestra siguiente parada sería Tsenkher. Atrás dejábamos los paisajes ralos y desérticos, a partir de ese momento el paisaje cambiaría.

A medida que avanzábamos,  las montañas nos empezaban a regalar a nuestra vista árboles y valles salpicados con grandes rebaños de caballos y yaks.

Como siempre, lo más pesado del viaje por Mongolia eran los largos trayectos en coche y la cantidad de horas que necesitábamos para llegar a cada lugar. Llegar a Tsenkher no fue fácil, lo hicimos siguiendo las rodadas de otros coches, sorteamos  arroyos, valles  y ríos.

En la mitad del trayecto nos topamos con un río que además de llevar mucho caudal, el agua bajaba con bastante fuerza, así que cruzarlo iba a ser un problema.

Casi nos llevó media hora atravesarlo. Estuvimos en la orilla esperando que las motos, las ruskis y las camionetas llenas de pertenencias de los nómadas, pudieran pasar sin quedarse varados.

Era fácil quedarse atrapado en mitad del río, así que había que echar un cable a quienes de repente se quedaban atorados. Para muchos coches cruzar era una auténtica odisea, ya que el agua les llegaba literalmente hasta el cuello.

Finalmente llegamos a Tsenkher, ese día dormiríamos en el ger de una familia nómada.

Por la tarde fuimos a pasear por las montañas entre los ladridos de los perros guardianes de los gers y los caballos que pastaban en los verdes valles.

Esa noche íbamos a degustar la típica barbacoa de los nómadas mongoles, el «Khorkhog». Un tipo de barbacoa que se viene realizando en Mongolia desde el S. XII, desde la época de Genghis Khan. Sus guerreros nómadas, lógicamente no podían acarrear utensilios de cocina, así que se las ingeniaron para cocinar la carne de una forma muy sencilla, calentando piedras.

El “khorkhog” consiste en poner unas grandes piedras de río en el fuego. Entre tanto se calientan las piedras, se va despiezando el cordero. No es un corderito como los que comemos en España, sino que es el bisabuelo del cordero. Un corderazo que había cumplido más de un año.

Finalizado el despiece del bisabuelo del cordero, metieron todos los trozos en un recipiente metálico. El recipiente era similar a una lechera metálica. Aunque en la preparación del Khorkhog se suelen echar verduras, en aquella lechera solo metieron los trozos de cordero junto con todos sus órganos y un poco de agua. Una vez que las piedras están calientes, se introduce en la olla, aplastando los trozos del cordero, que se ponen a capas como si fuera una lasaña.

Sellaron la lechera cual olla a presión y durante más de una hora y media se colocó el recipiente sobre unas brasas de estiércol de yak, para darle el punto de cocción adecuado. A medida que la improvisada olla se calentaba más, empezaba a emitir sonidos, que ellos eran capaces de interpretar para saber cómo estaba el punto de cocción

Hay otro tipo de barbacoa tradicional de los nómadas mongoles llamado “boodog”. La forma de cocinar la carne en este caso es muy similar a la del Khorkhog.

Transcurrido el tiempo de cocción abrieron aquella lechera, sacaron las piezas de cordero y las depositaron en bandejas y sobre las piedras calientes.  La carne se come con las manos, sin cubiertos. El olor a cordero cocido inundaba todo, con una intensidad, que la verdad, echaba para atrás.

Como ya se había hecho de noche y empezaba a hacer mucho frío, decidimos meternos con la contundente cena en uno de los gers de la familia.  De los trozos de cordero salía una humareda impresionante que inundaba con su intensísimo olor, a bisabuelo de cordero, toda la estancia. El sabor era, como deciros, tan tremendo, que se me pusieron los pelos como escarpias. No es por ser repelente, (vale lo soy) pero para mí gusto, el sabor era de tal intensidad que me sentía incapaz hasta de tragarlo.

Estábamos caninos pero aquello era incomestible. Menos mal que Manolo y Óscar tenían unos fideos liofilizados al estilo chino, chilly total, nos bastó un poco de agua hirviendo para poder cenar esa noche y anular de la boca aquel intensísimo sabor que teníamos en la boca.

Nos fuimos a dormir, tal cual íbamos vestidos y nos metimos en las camitas de nuestro ger. Hacía tanto frío que solo nos faltó dormir con los plumas puestos.

Nosotros que somos muy altos, apenas cogíamos en aquellas diminutas camas. Extendimos los sacos y nos enroscamos cada uno como pudimos. Nos dormimos y pasado el rato unos ruidos nos despertaron a Oscar y a mí.

Óscar me enfocó con el frontal. Unos ronquidos impresionantes retumbaban por todo el ger. La luz se dirigió a mi cara y yo le dije «oye que yo no soy». Así que enfocó a la camita de Manolo, al que culpamos de tales resoplidos. Él que no ronca nunca, y que dormía como un bendito acurrucado, le despertamos con la luz de los frontales, acusándolo de barritar cual elefante. Pero no era él, sino que el culpable de aquellos ronquidos era el perro de la familia, que se había quedado dormido en la pared de nuestro ger roncando y resoplando como si no hubiera un mañana.

Volvimos a quedarnos dormidos. De nuevo un golpetazo nos despertó en mitad de la noche. Óscar se reincorporo de su cama enfocándome de nuevo con el frontal. Que yo no soy, el dije. Enfocamos a la cama de Manolo y no estaba. Se había caído de la cama y desde el suelo levantaba el brazo diciendo…» soy yo que me he caído de la cama», 😂😂😂😂 Las camas eran tan pequeñas, que un pequeño movimiento bastaba para terminar en el suelo del ger.

Amaneció y nos dedicamos a pasear por los valles y montañas de Tsenkher.

Esta   zona es conocida por sus aguas termales, aunque estas nos parecieron un poco trampa de turistas. Alrededor de las aguas termales, hay varios campamentos turísticos de gers donde uno puede alojarse y disfrutar de una ducha (que se agradece porque en Mongolia pueden pasar muchos días sin catar el agua) .

Qué hacer en Tsenkher

Lo más bonito que se puede ver en Tsenkher son los valles típicos de Mongolia Central. La mayor parte de turistas lo hacen a lomos de los  pequeños caballos mongoles.

Nosotros no lo hicimos, ya que eran tantas horas las que pasábamos en coche, que en cuanto teníamos la oportunidad lo único que queríamos era estirar las piernas y echar a andar. Así que eso es lo que hicimos, nos dedicamos a dar largos paseos por la zona.


En la zona de Tsenkher  hay muchos volcanes extintos, lo que explica la presencia de estos manantiales de agua caliente que fluyen durante todo el año a 1860 metros sobre el nivel del mar. El agua está nada menos que a 85° C.

Los campamentos de gers turísticos que hay en Tsenkher, están equipados con baños. Tanto turistas occidentales como mongoles que vienen de la capital, Ulan Bator, acuden no solo para poder ducharse, algo que puede ser complicado cuando viajas por Mongolia, sino también para recibir las bondades de  estas aguas termales compuestas por carbonato de sodio, hidrocarbonato, sulfato, fluorita y sulfuro de hidrógeno.

Todos estos componentes son beneficiosos para aquellos que sufren de alguna enfermedad en las articulaciones o en el sistema nervioso

Al día siguiente volvimos a las pistas de tierra para continuar nuestro viaje nos  dirigimos al corazón de las montañas Khangai, nuestro destino era la ciudad de Tsetserleg, pero eso es otra historia.

Feliz fin de semana:)

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