Vagando Por Mundopolis

Ruta de las Mil Kasbahs: De Ouarzazate a Las Gargantas Del Dades

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La ciudad de Ouarzazate sirve como punto de partida para hacer una de las rutas más interesantes por el centro de Marruecos, la preciosa “Ruta de las mil kasbahs”.

Toda la ruta de las mil kasbahs la haríamos en coche. El trayecto discurre por la carretera N10 con paradas en el palmeral de Skoura, el valle de las rosas,  atravesándo el escénico valle del Dades para finalizar el recorrido en la impresionante y zigzagueante carretera de las Gargantas del Dades.

Ese día iniciaríamos un viaje en coche de una semana de duración por el centro de Marruecos, cuyo punto de inicio y finalización se encontraban en la ciudad de Ouarzazate. Una ruta circular de lo más interesante que os iré contando en diferentes entradas del blog.

El recorrido de la ruta de las mil kasbahs merece realmente la pena ya que transcurre por paisajes de postal. Atravesaréis palmerales salpicados de kasbahs escondidas, verdes valles repletos de palmeras, granados, olivos y pequeños pueblos de adobe al cobijo de los oasis.

Eran las siete y media de la mañana cuando salimos de Ouarzazate y lo primero que teníamos que hacer era encontrar una gasolinera para llenar el depósito del Dacia que habíamos alquilado.

La mejor forma para conocer esta zona es en coche, ya que te permite explorar todos los rincones a tu ritmo, sin depender de un transporte público que no llega a todos los lugares de interés.

Si no te apetece conducir, la alternativa para llegar a todos estos lugares es hacerlo en una excursión organizada. Las podréis encontrar en las agencias de viaje que hay tanto en Marrakesh como en Ouarzazate.

No os preocupéis por las gasolineras porque encontraréis varias en el camino, al igual que un montón de hoteles y restaurantes. Además,  en todos los pueblos de la Ruta de las mil kasbahs hay tiendas de ultramarinos donde podréis comprar bebidas o comida por si os entra hambre cuándo estéis en el coche.

El Embalse El Mansour Eddahbi

El primer alto en el camino lo haríamos a muy pocos kilómetros de Ouarzazate. Lo cierto es que nos pasamos todo el recorrido de la ruta de las mil Kasbahs haciendo paradas, ya que veíamos sitios tan chulos que no podíamos evitar detenernos para contemplar el paisaje.

Entre tanta parada y que íbamos a 60 km por hora, llegó un momento que parecía que estábamos emulando a «paseando a Miss Daisy».

La verdad es que ver aquella gran mancha de color azul resaltando en medio del paisaje desértico llamaba mucho la atención.

Vimos una pista de tierra que salía de la carretera y decidimos cogerla para acercarnos, era  el embalse El Mansour Eddahbi.

El Mansour Eddahbi es un embalse artificial que proporciona agua a una presa que se construyó en el año 1971, para dotar de recursos acuíferos a una región atenazada por la desertificación.

El embalse es un remanso de paz, estuvimos un rato paseando por su orilla. Había un silencio sepulcral que solo se rompía con los trinos y los gorjeos de las aves que nidifican en sus alrededores. A parte de ellas, por allí no había nadie más. Pasado el rato regresamos al coche para retomar la carretera.

El Palmeral de Skoura

A unos 40 kilómetros de Ouarzazate se encontraba la segunda parada, un gran palmeral repleto de kasbahs escondidas.

Una vez llegamos al pueblo de Skoura, con el GPS buscamos las pistas de tierra que se adentran en el gran palmeral. En el pueblo de Skoura no hay nada de interés, pero si en su palmeral. Y es que, entre las palmeras y olivos se esconden varias kasbahs.

Hay que abandonar la carretera principal para adentrarse en el pueblo, tenéis marcadas en el mapa todas las kasbahs que vimos.

Para encontrar las kasbahs que hay en el palmeral de Skoura, lo que hicimos fue señalizarlas en el Maps.me antes de ir. Es buena idea hacerlo porque de lo contrario puede ser peor que buscar a Wally en un día de concierto.

Aunque las distancias son pequeñas, se tarda bastante en ir de una a otra, ya que hay que ir a diez por hora puesto que el camino no es nada bueno. Hay tramos muy estrechos y las pistas de tierra no están en muy buen estado.

Para cruzar de un lado a otro del palmeral hay que atravesar el pedregoso cauce del río Ouled el Halhal, que se bifurca como una palmera, abriéndose en varios afluentes dando vida a este pequeño oasis. Como era octubre no había ni una sola gota de agua, por lo que atravesar el cauce del río Ouled no suponía ningún problema.

Muchas de las kasbahs que visitamos debieron ser en su momento imponentes. Se construyeron en el S. XII durante el periodo en el que gobernó la dinastía almohade y aunque la mayor parte de ellas están ahora abandonadas y muchas de ellas sufrían un avanzado estado de ruina, mantenían un encanto inegable, así que entramos en todas las que pudimos.

Todas tienen en común sus cuatro imponentes torreones y están divididas en tres o cuatro plantas dónde se encontraban las habitaciones. En su interior hay un patio que permite la entrada de luz en el edificio.

Se tardaba unos dos años en construir una kasbah. Los materiales empleados en su construcción era el adobe secado al sol, mezclado con paja y piedras.

Otra de las cosas que tienen en común todas las kasbahs son los dibujos geometricos que decoran sus fachadas. 

Como os conté en el post de Ait Ben Haddou, las kasbahs al ser de adobe requieren de un mantenimiento anual, ya que las inclemencias meteorológicas van deteriorando toda la estructura. Así que muchas de ellas, las que ya no están habitadas, se estaban literalmente deshaciendo.

Hay dos kasbahs en el palmeral de Skoura que están muy bien conservadas y en las que podréis ver cosas interesantes.

La más conocida del palmeral de Skoura es la Kasbah Amridil, construida en el S. XVII, perteneció a la poderosa familia Glaoui, que controlaba las antiguas rutas comerciales.

Está restaurada y tiene el honor de aparecer en el billete de 50 Dirhams marroquí. Podéis visitarla y conocer una parte de esta Kasbah. Además en su interior hay un museo con herramientas de labranza y antiguos objetos que pertenecían a las tribus bereberes que habitaron este palmeral.

Otra de las kasbah del Palmeral de Skoura que también está en buen estado de conservación es la Kasbah Ait Ben Moro, que ahora es un hotel. Se construyó a finales del siglo XVIII y esta tuvo la suerte de ser restaurada.

También nos encontramos otra que ahora mismo estaban rehabilitando, era la Kasbah Abu. Como estaban de obras, no se podía entrar y solo pudimos verla de lejos.

En cada parada dejábamos el coche y atravesábamos andando los senderos que llevaban hasta las kasbahs, era de lo más agradable atravesar los caminos para llegar a ellas. El palmeral es un frondoso jardín lleno de palmeras, granados, membrillos, olivos y tierras de cultivo.

La extensión del palmeral es de unos 20 km². En su momento había más de 700.000 palmeras datileras pero por culpa de enfermedades y del cambio climático su población ha mermando reduciendose en la actualidad a unos 300.000 ejemplares.

Aun así, la producción de dátiles sigue siendo elevada y convierte a Marruecos en el tercer exportador mundial de este fruto y es que este palmeral es un vergel.

En muchas de las kasbahs del palmeral de Skoura podéis entrar, aun estándo abandonadas. Eso sí, tener en cuenta que dentro no hay nada, apenas se sostiene la estructura y solo encontraréis montones de adobe derretido.

Pasamos unas tres horas recorriendo el palmeral, si queréis quedaros más tiempo aquí o incluso dormir, hay varias opciones de alojamiento incluidas kasbahs reconvertidas en hotel.

Así podreís recorrer el palmeral en bici que es una buena opción o hacer una pequeña ruta de senderismo.

El Valle De Las Rosas

Era medio día cuando llegamos a Kalaat M’Gouna,  población que marca el inicio del valle de las Rosas. El mejor momento para venir aquí es en Mayo, cuando las flores están en su máximo esplendor.

Nosotros estuvimos hace unos días y claro visitarlo en Octubre no es lo mismo, ya que ver un paisaje florido y embriagarse con el aroma que desprenden las cientos de rosas damasquinas que se cultivan aquí,  debe de ser una experiencia única, tanto olfativa como visual.

El segundo fin de semana de Mayo, coincidiendo con la época de su recolección, se celebra durante tres días la fiesta de las rosas. Su población bereber demuestra en estos días todo su arte a través de música, bailes y celebraciones para rendir tributo a esta flor que es la protagonista indiscutible del evento.

El valle de las rosas como os comentaba, tiene su inicio aquí en Kalaat M’Gouna y se cultiva hasta Bou Tharar. Supone una extensión de 30 kilómetros de rosaleda.

Esta zona es muy conocida por destilar agua y esencia de rosas con fines cosméticos, por lo que encontraréis varias tiendas en estos pueblos dónde podéis comprar jabones y todo tipo de productos que contienen esencia de estas rosas damasquinas.

En Bou Tharar, se puede visitar un Ksar. Como suponía desviarse de la carretera y no sabíamos cuántos kilómetros nos quedaban para llegar al Valle del Dades, no fuimos. En cualquier caso una vez que salgáis de Kelaat M’Gouna, desde la carretera, podréis ver varios Ksar en medio de los pueblecitos, que forman parte de la ruta de las mil kasbahs.

Como ya era medio día y nos estaba entrando hambre paramos a comer. Después,  contemplamos el valle de las rosas, desafortunadamente sin ninguna rosa y proseguimos nuestro camino hasta Boumalne Dades.

Boumalne Dades es un pueblo grande encaramado en un acantilado. Aquí es dónde se tiene que hacer el desvío para coger la carretera R704 que lleva hasta las Gargantas del Dades.

Y esto lo pongo en negrita ya que nos volvimos locos. Las señales de la carretera eran de lo más confusas y el gps nos señalaba una ruta diferente. Llegó un momento que pensábamos que nos habíamos equivocado de carretera.

Recorriendo El Valle Del Dades

El río Dades nace entre las montañas del Alto Atlas. Discurre a través del Valle del Dades en un viaje de 200km, regando oasis, huertas, palmerales, dando vida a los pintorescos pueblos rojizos que salpican todo el paisaje de la ruta de las mil kasbahs.

El Dades termina su recorrido desembocando junto al río Dra en el embalse de El Mansour. El embalse del que os hablé al principio del post.

La carretera que recorre este valle, lo hace entre las montañas del Gran Atlas y os llevará a una de las zonas más escénicas de Marruecos, el Valle del Dades.

La sucesión de pueblecitos de adobe, en los que solo sobresale la mezquita, rodeados de grandes palmerales, hace que el viaje merezca la pena tan solo por contemplar estos preciosos paisajes.

Los pueblos son de lo más pintoresco. Se puede parar en el arcén o en los pequeños miradores que encontraréis en la carretera. Cuándo lleguéis aquí entenderéis porque este recorrido lleva el nombre de la ruta de las mil kasbahs, ya que en cada pueblo veréis una.

La zona es tan bonita, que daban ganas de quedarse allí la semana entera para hacer rutas de senderismo y conocer los pueblecitos del Valle del Dades, entre pastores de cabras y ovejas que pastaban por la zona.

El río Dades facilitó que se asentaran en su ribera varios pueblos bereberes, los veréis a lo largo de todo el valle. Se construyeron de forma tradicional, con adobe. Y pese a que la erosión ha hecho mella en muchos de ellos, es indudable el encanto visual que desprendía cada uno.

Los dedos de mono

Llegamos a Tamlalt aprovechando que había un pequeño mirador, decidimos parar para descansar un poco y beber algo puesto que hacía muchísimo calor.

El paisaje era  impresionante. Estábamos rodeados de unas formaciones rocosas que allí llaman “Dedos de mono” o también “Cerebro del Atlas”. Enormes paredes de piedra blindan esta zona del valle del Dades. La naturaleza que es muy caprichosa ha esculpido estas curiosas formas.

Si te fijas bien, parece que los monos hubieran estampado sus manitas en la roca dejando sus huellas. Por eso los locales han dado a estas formaciones rocosas el nombre de «dedos de mono«.

Hay varios miradores en la carretera dónde podéis parar para contemplar esta zona del valle del Dades. Tenéis señalados varios de ellos en el mapa.

Las Gargantas del Dades

Las Gargantas del Dades tuvieron su origen nada menos que en el Jurásico. Así que recorrer la carretera que lleva hasta ellas, es un viaje geológico de millones de años a un lugar, que en su momento estaba sumergido debajo del mar.

Llegamos a Aït Oudinar, la carretera comenzaba a estar flanqueada por altos paredones kársticos. Esto significaba que empezábamos a adentrarnos en las Gargantas del Dades.

Tenéis que continuar un poco más por la carretera hasta llegar a la llamada “Serpiente del Dades”.

 Su nombre le viene al pelo, ya que de repente la carretera asciende como una serpiente enroscándose en las paredes del acantilado.

Hay que subir por la empinada carretera hasta llegar al mirador que hay junto al Hotel Timzillite, desde allí la vista es sensacional.

Creerme que las gargantas no os dejarán indiferentes. Son impresionantes y solo por verlas ya habrá merecido la pena todo este recorrido por la ruta de las mil kasbahs.

La carretera se las trae. Cuando estás arriba contemplando la zigzagueante pista y ves como los autobuses se las ven y se las desean para maniobrar en las estrechas curvas, da hasta vértigo.

Los acantilados de las Gargantas del Dades tienen una profundidad de 500 metros, así que podéis imaginaron lo impresionantes que son.

Cuando llegamos a lo más alto de las gargantas dejamos el coche en el parking que hay junto al hotel y estuvimos recorriendo el mirador contemplando las vistas.

De nuevo regresamos al coche. Teníamos que deshacer todo el camino para llegar a Tinghir, nuestro destino final en esta ruta de las mil kasbahs donde dormiríamos aquella noche.

Como os dije al principio del post todo el camino está repleto de hoteles y restaurantes. No es necesario que reservéis con antelación ya que hay muchos sitios que están muy bien y además son baratos.

Si dudáis entre alquilar o no un coche tranquilos, es muy fácil conducir en esta ruta. No hay mucho tráfico, así que no deberíais de tener ningún problema en hacerlo.

Y para que cobre vida todo este recorrido, aquí tenéis un pequeño vídeo de la ruta de las mil kasbahs.

Feliz fin de semana

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